El planeta que habitamos ya no es capaz de regenerarse. ¿Qué significa esto? Pues bien, hasta hace apenas unos meses la Tierra era capaz de seguir produciendo recursos energéticos de forma natural al mismo tiempo que la humanidad los consumía. Se entiende este proceso como “presupuesto ecológico”.

Para conocer la velocidad a la que el planeta regenera nuestro consumo, es decir, su presupuesto ecológico, se deben conocer dos conceptos: La biocapacidad y la huella ecológica. La primera se refiere a la producción de recursos de los ecosistemas y su residuo. El otro, mide la cantidad de tierra y agua que se necesita por persona y población. Durante los 60, el ritmo de producción y consumo era paralelo. A medida que la población y la industria han crecido a lo largo de estos años, se ha olvidado dar tregua a la Tierra y en lugar de regenerarse, se considera que el ecosistema dará de sí hasta fin de existencia.

Según la ONG Global Footprint Network, las emisiones de carbono representan el 60 por ciento de la huella ecológica. Además de provocar deforestación, sequía, escasez de agua y sobreexplotación de las especies.  Esto no significa que ya no se pueda hacer nada al respecto, significa que la humanidad aun tiene una oportunidad para postergar el final de un daño irreparable.

¿Cómo?

Es tan sencillo como cuidarla.

1.- El reciclaje es una buena opción para reducir y reutilizar los productos contaminantes y semipermanentes en la superficie como el plástico.

2.- La sustitución de energía nuclear por energías limpias y renovables.

3.- No verter residuos tóxicos al agua, de esta forma se facilita a las energías limpias el seguir siéndolo.

4.- Utilizar la energía solar en lugar de la eléctrica ya que la quema de sustancias como el carbón o el gas natural es un factor determinante en la contaminación mundial del aire.

5.- Informarse sobre energías alternativas como la biomasa, es la materia orgánica utilizada como fuente energética.